Ganar la Copa del Rey no depende de Koeman, sino de los jugadores. Las finales son para ellos. Tener el toque de gracia para marcar el gol clave es un instinto eterno, sensación que se repite. Como el perfume de la chica y el gazpacho de su madre. Mendieta lo saboreó en 1999. Rara vez los entrenadores logran influir en el resultado. Koeman ya no tira faltas y Rafa Benítez entrena al Liverpool. La afición ha de recordar ese impulso que nos hace pasar del miedo al orgullo. Cierto es que el Valencia nunca percibió un ambiente de tanto desdén general en la víspera de una final.La plantilla se divide entre los que apoyan a Koeman -Baraja, Marchena, Mata, Arizmendi, Maduro, Banega y Mora- y los que no. Sin embargo, todos querrán posar unidos, alrededor del trofeo. Eso sí, que, después, el técnico se abstenga de autobuses descapotables para celebrarlo, evite las pelucas, pero que no nos apague la antorcha olímpica. Y aun superando estos retos ético-deportivos, habrá que ganar al Racing y al Athletic. De ellos depende. Que sean once Mendietas.